martes, 11 de enero de 2022

Pasan muchas cosas

Años atrás escribí sobre colores, o sobre algún color que quería ser. Siempre era uno distinto, lo recuerdo bien. Hoy están pasando muchas cosas. Mucho color. Del dolor al color se puede pasar rápido si quiero. Creo que en estos últimos diez años estuve aprendiendo sobre todo, a pasar al color. Los supuestos niveles de ausencia, de falta, hay un punto en que ya no tienen tanto poder. Donde parece que algo falta, es sólo eso: apariencia. Un engaño de la percepción, ceguera temporal, o pérdida transitoria de cierto sentido, y ciertas sensaciones. Lo voy entendiendo, cada vez menos a posteriori. Por eso cada vez vuelvo más rápido. 

Lo que no es aparente es el dolor. El dolor puede ausentarme a mi misma. Puedo faltar por momentos. No falta algo, falto yo. Y si en realidad no falta nada, no me falta nada, si puedo ser cualquier color, entonces el dolor no tiene más el lugar que le proporcionaba mi -breve- partida. El dolor se retira, no tiene ese espacio vacío. Yo vuelvo. Vuelvo color.  

Pasan cosas, pasan colores. A los colores que soy les gusta construir imágenes. Las imágenes se quedan, y yo sigo. Seguimos. Me les pierdo menos, mucho menos, cada vez menos. Se pierde para siempre alguna imagen, quizá era en blanco y negro, y seguro era a dolor. Y se lo lleva lejos. Las imágenes que son a dolor son las que no necesito, porque me necesito a mi para poder armar de las otras. Las otras son las que guardo, las que protejo, las que liberan y me ayudan a respirar. 

Quería escribir sobre inventar un color. Puede que lo haya hecho. Lo claro es que puedo escribir sobre crear y re-crear color. Color, no uno, cualquiera.
Aquella vez, años atrás, dije: vuelvo al amarillo. No me olvido más de eso. Nadie, nada, me hará olvidar nunca más de eso. 

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